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7/29/2012

Origenes de la esgrima

La esgrima tiene sus orígenes en la Edad Media cuando la espada se utiliza como arma defensiva que fue usada para romper armaduras y atacar a los caballeros con escudos. Cuando se va conociendo la pólvora, las armas de fuego van desplazando a la espada como arma de ataque y defensa, pero se va utilizando como actividad deportiva, usándose como entretenimiento y competición, con la ejercitación que requiere para adquirir las habilidades y destrezas necesarias para lograr un manejo efectivo de la espada en los duelos.

 En el siglo XV, en España, aparecen los primeros tratados  que establecen las pautas para el ejercicio de esta actividad: "La verdadera esgrima" (1472) de J. Pons y "El manejo de las armas de combate" (1473) de P. de la Torre.
 En el siglo XVI se introduce en Italia, y el estoque y la técnica italiana (primeramente con el brazo izquierdo envuelto con un manto) se popularizaron en Europa, especialmente en Inglaterra y Francia.
 En el siglo XVIII se inventó en Francia el florete, y surgieron distintos estilos de defensa y ataque, así como un vocabulario especial de esgrima.
 En el siglo XIX fueron prohibidos los duelos, y ya se enseñaron estas artes de esgrima con fines solamente deportivos y se comenzaron a usar los tiradores, el guante, el protector de pecho y la máscara de malla metálica.
 En la esgrima actual se usan tres tipos de armas realizadas en acero templado: el florete, el sable y la espada.
 Sobre los finales del siglo XIX, comienzan a aparecen en América maestros europeos, especialmente franceses e italianos, que comienzan a enseñar el arte de la esgrima, con lo que se inician exhibiciones de competidores locales que causan sensación con los lances de la pedana. Y se lucían los floretistas en presentaciones populares.
 En Argentina, varios fueron los maestros, como Cesario, Casciani, Bay. Mathieu,Scarani, Mari, Panigazzi, Ferreto, Eugenio Pini que llegados del extranjero, formaron en estas tierras discípulos en el arte del  florete, como Aniceto Rodríguez, Centenari, Carbone, Roqué, Piedracueva, Pamé, Nigro y otros, que rápidamente popularizaron la actividad y se hacían encuentros con lances caballerescos y oposición de escuelas y nacionalidades, en sensacionales cotejos que causaban la efervescencia del público, en aquellos primeros estados de entidades como Gimnasia y Esgrima y el Club Progreso de Buenos Aires. Y la generación que los siguió también continuó la saga, con Cándido Sasone y Juan Bay (hijo) entre otros, quienes transmitieron el interés deportivo de estas prácticas a sus contemporáneos, lo que hizo que en los Juegos Olímpicos de París y Ámsterdam, los afecionados participaran en sable y espada. Uno de las figuras sobresalientes internacionalmente fue el esgrimista Roberto Larraz, de meritoria trayectoria nacional e internacional.